No se si existe una versión en la literatura inglesa, pero El Gato con Botas es un tradicional cuento infantil de las literaturas francesa y española que data según, la legenda, desde hace cientos de años.
Antonio Banderas tuvo la genial idea de sugerirlo como uno de los principales personajes del segundo capítulo de la serie Shrek, y el experimento funcionó tan bien que volvió a aparecer en las subsiguientes continuaciones.
Agotado el carisma y la vida productiva de Shrek, los estudios Dreamworks no han tenido más alternativa que recurrir a uno de los más traviesos y divertidos caracteres de la saga. ¿Quién mejor que Puss in Boots para dar continuidad al legado del otrora preferido ogro verde?
Banderas, por supuesto, es una vez más la voz del héroe felino, y a él le acompañan, al menos en la versión original, Billy Bob Thornton, Salma Hayek, Zach Galifianakis y Amy Sedaris. Como era de esperarse, la historia no es aquí el punto fuerte de un film que sigue a pie juntillas, y naturalmente sin mucho asidero, la vieja formula de cuento de hadas, servida esta vez en bandeja de Tercera Dimensión.
El Gato con Botas sigue siendo tan gallardo, arriesgado y decidido como lo ha sido siempre. Y ahora con mayor razón si está a cargo de su propio show. Cansado de sus correrías como uno de los criminales más buscados, El Gato con Botas se ve compelido a unirse a su medio hermano Humpty Dumpty (Zach Galifianakis) en quien no confía mucho y la gata Kitty Softpaws (Selma Hayek), para tratar de conseguir las habichuelas mágicas, que es lo único que les permitirá acceder al codiciada Ganso de los Huevos de Oro.
Puss in Boots cautiva con la brillantez y viveza de su textura visual, pero en particular deleita y entretiene en todo momento con la acción y las peripecias que han de enfrentar estos nuevos compinches.
Los chistes son mayormente inofensivos, pero divierten por igual a los niños y a los mayores, puesto que la película genera más humor para adultos de lo que uno pudiera esperar.
Sondeando los orígenes del personaje y el humor que siempre le ha acompañado, tal vez el intangible que le ha permitido al film calar en el público, es la ausencia de pretensión, tanto en el fondo como en la forma. Exuberante y decididamente divertida!

