Están Todos Bien o Everybodys Fine se estrenó en diciembre pasado en Estados Unidos, una época que es mucho más propicia que la actual para los temas que explora el film El reencuentro de la familia y el impacto positive o negativo que las expectativas de los padres, pueden crear en los hijos.
Sin embargo, por esas paradojas propias de nuestro medio, no ha sido sino ahora, casi en pleno verano, cuando la película ha hecho su arribo a los cines comerciales del país.
¿Hay algo aquí de lo cual lamentarse, por la tardanza de la película en llegar a nuestro mercado? Desafortunadamente no. No quiero decir que Están Todos Bien sea mediocre, pero la inconsistencia de la historia, y cierto aura de falsedad que la envuelve terminan dando forma a un film que se ve con agrado, pero que se olvida con facilidad.
Este es un remake a la americana de una película de Giuseppe Tornatore, que en su momento (1990) protagonizara el inmenso Marcello Mastroianni. Su trama es bastante simple. Frank Goode (Robert DeNiro) retirado, y ahora enfermo y solitario luego de haber perdido a su esposa, ocho meses atrás, echa en falta la presencia de sus cuatro hijos, ya adultos. Ellos tenían una relación mucho más cercana con su madre, pero con él casi ni hablaban. Para aliviar la situación Frank los invita a un encuentro familiar. Ellos, sin embargo, alegando compromisos de trabajo, rechazan la cita.
Frank resuelve entonces, sin previo aviso sorprender a sus hijos, en un viaje que lo llevará en tren y autobús, por distintas ciudades de la Unión Americana. Aquí las sorpresas abundan y la decepción también. Lo que Frank descubre es un mundo de falsedad y mentiras, construido precisamente para satisfacerlo a él.
Lo mejor que tiene esta adaptación escrita y dirigida por el británico Kirk Jones, es la digna y sincera actuación de DeNiro. Nada para premiar, por supuesto, dado que aquí no hay grandes retos interpretativos ni la historia sacude a nadie. El relato es blando y sentimental, pero eso sí al final reconfortante como espera la audiencia.

