El presidente Danilo Medina ha reconocido que aflora un nuevo brote de violencia, delincuencia y criminalidad, lo que ha obligado al Gobierno volver a las calles para contrarrestarlo con el reforzamiento del patrullaje policial y militar.
El oleaje de criminalidad ha provocado la muerte de una veintena de personas en menos de tres semanas, periodo durante el cual se produjeron asaltos a dos sucursales bancarias, a un consorcio de banca, en Azua, a un general retirado, en Santo Domingo Este, entre otros actos delictivos.
No se niega que los preocupantes niveles de delincuencia se reducirían como resultado del patrullaje mixto en calles, avenidas y plazas comerciales dispuesto por el presidente Medina, pero prevalece el temor de que se produzca un nuevo rebrote tan pronto cese esa iniciativa temporal.
Se sugiere que esta vez se aplique un programa de seguridad ciudadana de largo alcance, que tenga como epicentro el saneamiento de la Policía, para convertirla en un cuerpo del orden eficiente, integrado por oficiales, clases y alistados con elevada ética de trabajo para que nunca más delincuentes persigan a delincuentes.
Para controlar la hemorragia de sucesos delictivos se requiere que personal militar integre las patrullas a cargo de la vigilancia en todos los cuadrantes hoy infestados por la delincuencia, pero es claro que esa no es ni debe ser el remedio para curar de manera definitiva una enfermedad que se ha expandido por toda la anatomía geográfica y social.
Es necesario también que el Ministerio Público asuma con mayor intensidad, responsabilidad y eficacia su rol de jefe de la investigación penal, de prevención, persecución y sometimiento a la justicia de todos los infractores de la ley, sin que un fiscal pretenda convertirse en policía o un policía hacer las veces de fiscal.
A los jueces les corresponde enviar el claro y contundente mensaje a la delincuencia organizada, de que quien incurra en atraco, asalto, violación, robo agravado o cualquier infracción de carácter delictuosa o criminal irá a parar con sus huesos a la cárcel por muchos años, sea quien sea.
Se resalta como muy positiva la actitud del Presidente de admitir que hay un rebrote de delincuencia, así como su proclama de que el Gobierno va para la calle a afrontar ese flagelo, aunque se insiste que para erradicar esa enfermedad se requiere de una cirugía mayor.

