En lo que el hacha va y viene, el Gobierno ha enviado al Congreso otro préstamo por 216.8 millones de dólares para el tratamiento de aguas residuales en Santiago. El objetivo es saludable.
Lo inquietante es que para cualquier obra se haya recurrido a créditos internacionales, no siempre con organismos multilaterales, como si el país no contara con la más mínima capacidad de ahorro. Ahora mismo no se sabe con exactitud a cuánto asciende el monto de la deuda pública, que unos sitúan en más de 24 mil millones de dólares y el Gobierno en apenas más de 17 mil. De todas formas el endeudamiento, por el costo que ya representa del Presupuesto, es altamente preocupante. Los préstamos, por más blandas que sean las condiciones y saludables los objetivos, hay que pagarlos. Quizás no se contaba con otro medio que recurrir al financiamiento externo para reducir o eliminar los focos de contaminación que representan los desbordamientos de aguas residuales en Santiago. Lo que pasa es que para todo la única alternativa con que se cuenta es la de coger dinero prestado, en tanto no hay señales de ahorro. Para nada.
