Dirigentes de las principales centrales obreras han debido rasgarse la vestidura, porque también tienen su elevada cuota de responsabilidad, al reflexionar sobre los factores que han reducido el sindicalismo a una mera caricatura.
A diferencia de otros tiempos, la claque sindical no se vincula con la demanda populares y sólo saca la cabeza cuando se trata de negociar un reajuste salarial con el sector empleador o para presionar a alguna empresa de zona franca.
No hay que echar las campanas al vuelo, porque la realidad ha evidenciado que de no ser por el espacio mediático los sindicalistas que se erigen en voceros de los trabajadores no tendrían la menor vigencia.
Sorprende que hoy hablen de que la falta de libertad de asociación ha provocado que miles de trabajadores hayan perdido sus empleo y cientos de organizaciones destruidas. ¿Dónde han estado? Antes que reclamar y denunciar las violaciones de la libertad sindical, los autorrepresentantes de los trabajadores no han hecho más que confabularse con los empleadores y con los gobiernos de turno. Y de ahí que el sindicalismo no genere confianza en los trabajadores.
