Página Dos

Cójanlo

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Pese al aislamiento y la protesta de la comunidad por la masacre del Gobierno sirio en Hula, el Ejército ha vuelto  atacar a la población con más bombardeos. Al menos 62 personas ha dejado la siniestra ofensiva, que ha cobrado la vida de mujeres y niños, patrocinada por el régimen de Bashar Al-Assad. El respaldo de potencias como China y Rusia se ha convertido en una suerte de pasaporte para las sangrientas  atrocidades que han estremecido al mundo occidental. Las ejecuciones comprobadas por las Naciones Unidas y los bombardeos en Hule son para que, además de la diplomática, se sopesen otras acciones contra el dictador sirio. No puede esperarse que corra más sangre de mujeres y niños, de víctimas propiciatorias, para poner fin a la masacre de un gobernante que se ha permitido el lujo de burlarse hasta de la propia ONU. Los últimos bombardeos en Hula evidencian que el Ejército está decidido a eliminar cualquier reducto de rebeldía para afianzar su poder diabólico. Por menos de lo que se ha visto en Siria la comunidad internacional ha entrado en acción, no con medidas aisladas, como la expulsión de diplomáticos, sino de más rigor.

El Nacional

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