Hasta que la atmósfera se despeje las autoridades están decididas a sacrificarse antes que aumentar los precios de los carburantes. En contraste con su proyecto para indexar los combustibles el Gobierno ha congelado los precios por quinta semana consecutiva. Y todo con el propósito de evitar conflictos sociales y dar cancha para críticas de la oposición. Tanto los precios del petróleo como la prima del dólar, que son los factores que se toman en cuenta en el reajuste, han estado en alza. Pero el Gobierno, pese a su apremiante necesidad de recursos para compensar el déficit que arrastra, prefiere no tocar una tecla que produzca un sonido desagradable. Lo que no quisieran los consumidores es que el Gobierno pase factura, a través de algún proyecto impositivo, sobre el sacrificio en que incurre con los carburantes. Durante el proceso electoral de mayo los combustibles fueron congelados durante 10 semanas consecutivas en vista de que el Gobierno no estaba dispuesto a cargar con el costo político de las alzas. Por la picada que está la atmósfera ha seguido con la misma política de congelar los precios, que de por sí son altos.
