Página Dos

Cójanlo

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El atentado en Bogotá que afectó las instalaciones de Radio Caracol y de la agencia Efe no debe erigirse en pretexto para las negociaciones de paz con la guerrilla. El objetivo del acto terrorista puede ser precisamente interrumpir la apertura con que desde un principio se  desmarca el presidente Juan Manuel Santos de su conflictivo antecesor Alvaro Uribe. No es casual que la explosión del carro-bomba en un edificio bogotano ocurriera en medio del proceso de reconciliación con el presidente venezolano Hugo Chávez. Santos ha puesto la mira en la guerrilla, a la que ha advertido que la puerta del diálogo estará cerrada hasta que demuestre voluntad de paz y deje libre a los secuestrados. La verdad es que liberar a los rehenes sería el paso que sellaría la oferta de dialogar un acuerdo de paz que formuló la guerrilla al nuevo mandatario. Pero tampoco es como para que Santos endurezca las condiciones tras un atentado que no ha sido reivindicado y sobre el cual no se han establecido responsabilidades.  No puede darse como un hecho que en Colombia han desaparecido las células de grupos paramilitares que también fomentan el terrorismo.

El Nacional

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