Si el cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez pide claridad sobre el asesinato del coronel José Amado González y González, ocurrido el día de Nochebuena, se debe a la densa cortina que todavía rodea el suceso. Aunque abundan las especulaciones al parecer los investigadores aún carecen de pistas concretas para dar con los autores intelectuales y materiales del alevoso crimen. De ahí la transparencia en las investigaciones, como amerita el caso, que demandó el arzobispo metropolitano de Santo Domingo. Dejar un solo cabo suelto sería incrementar la impunidad e incertidumbre que el asesinato del oficial, a quien se ha relacionado con el huidizo capo boricua José David Figueroa Agosto, ha sembrado en la población. Al reclamar claridad en las investigaciones el cardenal López está consciente de las consecuencias que tendría dejar en el aire, aunque no sea a propósito, algún elemento en torno al crimen. La muerte de González y González, ocurrida frente a su residencia de la torre Serena, en la avenida Anacaona, se ha prestado a toda suerte de conjeturas que desafían la capacidad de las autoridades.
