A causa de la controversial sentencia sobre el caso de la Sun Land, la Suprema Corte de Justicia, sin proponérselo, por supuesto, se ha condenado a sí misma o al menos se ha colocado como diana del escarnio público.
Ese fallo no tiene a la vista ganador ni perdedor y como jurisprudencia puede entenderse que en torno a esa demanda en inconstitucionalidad por un acto de Gobierno se establece el principio que ni una cosa ni la otra, sino todo lo contrario.
No se recuerda precedentes sobre el inusual caso de una sentencia que divida a la Suprema Corte en tres opiniones distintas o divergentes y que al mismo tiempo se defina el contenido del fallo como salomónico. Tampoco resulta fácil explicar, ni para el más avezado jurista, cómo es que la Suprema declara inamisible un recurso por falta de calidad de los recurrentes y, sin embargo, se pronuncia o formula juicio de valor sobre un texto que a la luz de la sentencia no debería existir.
Por todo eso y mucho más, la Suprema Corte de Justicia atraviesa por un crítico período matizado por déficit de credibilidad y falta de liderazgo que ojalá ayude a sus magistrados a unificar el pensamiento jurídico, como ha admitido su titular, doctor Jorge Subero Isa.
