Como el que no quiere las cosas, el país se ha minado de conflictos. El precio de la carne de pollo se ha colocado por las nubes sin que haya habido forma para bajarlo. Desde instancias del Gobierno el alza se atribuye a la transición, pero el aumento de insumos como la soya, el maíz y las grasas le confieren otro matiz. Los comerciantes del mercado Modelo, que ya han paralizado sus operaciones, están en pie de lucha contra la supuesta asignación de los módulos del recién inaugurado centro de acopio Merca Santo Domingo. Pero como si fuera poco han brotado en las últimas horas conflictos con la distribución de gas licuado de petróleo y con los salami. Pero también muchos artículos alimentarios han subido de precio, aunque las alzas no trasciendan a los medios. Sin hablar de la intensa ola de calor, los tediosos apagones y epidemias como los feminicidios y suicidios que tensan todavía más la atmósfera. Pro Consumidor libra una batalla titánica en defensa de los usuarios, pero en solitario y sin instrumentos para que por lo menos se aplique la ley. Los conflictos han elevado la temperatura en una atmósfera de por sí carga de presiones.
