Aunque Senasa y Salud Segura han defendido su situación financiera, la gravedad que les atribuye la Superintendencia de Salud y Riesgos Laborales es para preocuparse. Cuesta aceptar que con la tolerancia y permisividad que ha caracterizado al sector público se podía ventilar la crisis solo con el propósito de hacer daño a las ARS públicas. Al insistir que bordean la quiebra y que operan con déficits perturbadores la Superintendencia arroja dudas, por las cuales se impone una exhaustiva investigación, con garantía de que se establecerán responsabilidades. No basta con que la alternativa que se ha planteado de auxiliar económicamente a Senasa y Salud Segura. Puede ser una salida, pero sin excluir el hecho de que alguien tendrá que responder por la debacle financiera que según el organismo afecta a las dos entidades. Para aclarar el escándalo con las dos ARS públicas debe comenzarse por despolitizar o tratar de encontrarle la quinta pata al gato. Lo que se ha denunciado es muy grave, sea en un proceso de transición o en cualquier otra circunstancia. Además son entidades que han bailado mucho en la palestra pública.
