Para Amet
Parece que una placa oficial y una yipeta son más que suficientes para que cualquier funcionario, sin importar la categoría, disponga del privilegio de un franqueador de la Autoridad Metropolitana del Transporte (Amet) para que le despejen el tránsito. Los tapones y molestias son para los otros, pero no para ellos, aún sean inorgánicos.Despejar el tránsito a unos significa un pandemonio para otros que tienen que sufrir un tiempo indeterminable en espera de la luz verde para moverse. Se trata de un problema que ocurre a diario a cualquier hora y en cualquier parte. Sólo los funcionarios, que no saben lo qué es sudar la gota gorda en el caos que es el tránsito de la ciudad, tienen prisa y ocupaciones.El resto puede aguantar. Esa parece la lógica que norma un comportamiento tan deplorable y que, para colmo, tiene entre sus actores a los responsables de ordenar el tránsito. ¡Qué ironía! De un tiempo a esta parte los agentes de la Amet dejan mucho que desear. Sus intenciones podrán ser buenas, pero los resultados en el control del tránsito son fatales. Basta cualquier entaponamiento para que se les culpe del caos. Así está la cosa.
