Página Dos

Cójanlo

Cójanlo

Hay que tener el alma carcomida por el fanatismo o el odio, o estar muy enfermo, para atribuir las desgracias que han asolado a Haití a la furia de Dios a causa de un supuesto pacto de la nación con el Diablo. La verdad es que en medio del dolor, el llanto y la desesperación que abaten a una población devastada por un terremoto jamás podía esperarse un juicio tan cruel e insólito como el del teleevangelista estadounidense Pat Robertson. Sin la menor compasión, el diabólico personaje atribuyó el terremoto a que la nación está maldita  por  haber llegado a un pacto con Satanás a través de su religión, el vudú. Para salir con tamaño disparate en medio de una tragedia que ha dejado cientos de miles de víctimas, entre muertos, heridos y damnificados, incluyendo un obispo, hay que estar poseído por el mismo demonio. El momento es de solidaridad para mitigar el dolor de las víctimas y ayudar en la reconstrucción de una nación que milagrosamente no se ha hundido con el fenómeno. Templos, hospitales, escuelas, oficinas públicas, viviendas y comercios fueron devastados por el fenómeno que el predicador ha atribuido a la furia de Dios.

El Nacional

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