A simple vista lucen frágiles los indicios de la Fiscalía del Distrito Nacional para acusar de narcotráfico y lavado de activos a los imputados en la red que se atribuye al boricua José David Figueroa Agosto. Tras el ruido que habían levantado las propias autoridades sobre las operaciones ilícitas atribuidas a Figueroa Agosto se esperaban pruebas contundentes contra los implicados. Ahora cobra más fuerza la percepción de que el Ministerio Público no sólo pierda la batalla ante la opinión pública, sino en los tribunales. Y hasta se explica la razón por la cual la Fiscalía del Distrito Nacional defendía que las acusaciones se formularan a puerta cerrada. Ha resultado jurídicamente extraño que se excluyera del expediente a Figueroa Agosto, a quien desde un principio se ha mencionado como el cabecilla de la supuesta red, para vertir la acusación contra presuntos relacionados. A menos que los jueces se presten al juego se percibe que el Ministerio Público tendrá que valerse de todos sus recursos para evitar que el proceso se revierta. El giro que ha tomado denota que importantes piezas no forman parte de lo que parece un rompecabezas.
