De no ser por los cargamentos incautados en el extranjero pudiera pensarse que la salida de drogas de República Dominicana es una apuesta suicida. Y se celebrarían incautaciones como las 20 maletas repletas de cocaína ocupadas en el aeropuerto de La Romana. Pero ante una profusión tan intensa de drogas se imponen las más variadas interrogantes. No se puede negar que el territorio, pese a las inversiones en equipos y las medidas que se han tomado, es cada vez más vulnerable al trasiego de sustancias narcóticas. Pero lo que debe mover a preocupación es el hecho mismo de que, pese a los sucesivos golpes, se utilicen los diferentes aeropuertos para tratar de embarcar la mercancía. La detención de empleados de Migración, militares y agentes del Cuerpo Especializado de Seguridad Aeroportuaria (Cesa) puede ser sólo un indicio mínimo de las conexiones con que cuenta el narco. Las frecuentes confiscaciones retan al presidente de la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD) a profundizar las investigaciones sobre el trasiego que ha convertido al país en una suerte de santuario.
