La aprobación al vapor del proyecto de Presupuesto para 2012 ha sacado a relucir el juego de intereses que norma las decisiones del Senado. Con todo y que había sido cuestionada por diferentes sectores, la pieza, que asciende a 430 mil millones de pesos, fue declarada de urgencia y aprobada sin ningún tipo de revisión. Se impuso, como declaró el presidente Leonel Fernández en una ocasión, la tiranía de la mayoría. Pero según un recuento publicado en su edición de ayer por el periódico Hoy en los proyectos de interés social la Cámara Alta ha sido más meticulosa e incluso arrogante. En múltiples ocasiones su presidente, Reinaldo Pared Pérez, ha reivindicado el derecho, como muestra de pulcritud, de estudiar con detenimiento proyectos tan aclamados como la Ley de Partidos Políticos o la Estrategia Nacional de Desarrollo. La vergüenza del Presupuesto no ha hecho más, sin embargo, que desenmascarar las poses. Se aprobó al vapor, sin guardar siquiera las apariencias, porque convenía a los intereses que han caracterizado su ejercicio legislativo. Y con la decisión sepultan de una vez y por todas la consigna de Un Congreso para el progreso.
