La criminalidad ha vuelto a perturbar la población y desafiar a las autoridades con muertes tan espantosas como la del capitán de la Policía Diómedes Freddy Cueto Rodríguez. El asesinato a tiros del oficial, ocurrido el miércoles en la noche en el ensanche Capotillo, se produce cuando se anuncia la integración al patrullaje de 1,500 miembros de las Fuerzas Armadas. Fue abatido por desconocidos que intentaron despojarlo de una pistola cuando cerraba un taller de reparación de inversores en la avenida Nicolás de Ovando, 91, frente al hospital Francisco Moscoso Puello. El caso es otro de los muchos eslabones de la larga cadena de crímenes, atracos, asaltos, robos y otros hechos delictivos que tienen en zozobra a la población. En tales circunstancias, la víctima pudo ser cualquier ciudadano. El homicidio es otro de los sucesos que alertan sobre la necesidad de revisar la extrategia para restaurar el orden y la seguridad. Como se ha visto, la represión, por más importante que sea, no es la única salida. Diariamente la propia Policía da cuenta de la muerte de perseguidos por crímenes, sin que los casos impliquen una reducción de la violencia calllejera.
