El año de prisión como medida de coerción que ha pedido el fiscal de Higüey para el empresario Winston Rizik Rodríguez no despeja las conjeturas sobre la suerte que ha acompañado a éste. Nadie ha sido tan afortunado, ni siquiera con el silencio que ha rodeado los procesos de los que ha sido absuelto. La edición de ayer del colega El Día recoge un asombroso prontuario, que genera mucha suspicacia, sobre la impunidad que ha rodeado al empresario. Tras haber escapado de una cárcel de La Florida, donde cumplía 8 años de prisión por narcotráfico, se instaló aquí. Y aunque en su contra pesaba una solicitud de extradición, la Cámara Penal de la Suprema Corte de Justicia no sólo rechazó el pedido en febrero de 2009, sino que ordenó la devolución de todos sus bienes. Pero lo que ha puesto la tapa al pomo ha sido que la Fiscalía de San Cristóbal lo pusiera en libertad por falta de pruebas con relación a la muerte de dos jóvenes cuyos cadáveres fueron encontrados descuartizados. La orden de captura se ejecutó después de un año de ser emitida, a pesar de que Rizik realizaba sus actividades de manera pública y con la mayor normalidad.
