Tras unos 43 años de lucha armada, a causa de la cual murieron 829 personas en atentados y otras acciones, el grupo separatista ETA anunció su cese definitivo del terrorismo. Que el anuncio fuera hecho por tres encapuchados arroja sus dudas sobre la intención de dejar las armas. Se supone que no había razón para ocultarse, sino todo lo contrario, si en verdad se aspira un diálogo directo con el Gobierno para abordar las consecuencias del conflicto. En realidad sólo el tiempo dirá si en verdad ETA ha enterrado las armas para librar su batalla a través de los medios que le proporciona el sistema democrático. Pese al escepticismo, el gesto, que se produce después de una Conferencia Internacional celebrada en el País Vasco, constituye un paso de avance a favor de la seguridad. En el comunicado ETA consideró la conferencia una iniciativa de gran trascendencia política, cuya resolución final contó con el apoyo de amplios sectores de la sociedad vasca y de la comunidad internacional. Por ahora ETA dice que no se convertirá en tutor político de nadie y que sólo se ocupará del destino de sus presos. Aún así, hay que esperar.
