La respuesta del Ministerio de Interior y Policía no se ha hecho esperar frente al peligro que según Estados Unidos representa el tráfico por la autopista Duarte. En menos de lo que canta un gallo el patrullaje por la vía, especialmente en el tramo Santo Domingo-Villa Altagracia, ha sido reforzado. La interrogante está en el tiempo que permanecerá la vigilancia en un trayecto en que desde hace tiempo los crímenes, atracos y asaltos de vehículos han estado a la orden del día. A una voz tan potente como la de la embajada de Estados Unidos había que prestarle atención a la mayor brevedad. De esa misma forma se respondió cuando previno a sus ciudadanos sobre las pandillas de asaltantes que operaban entre el aeropuerto Las Américas y la Capital. La verdad es que el Gobierno no ha debido esperar que Estados Unidos advirtiera a sus ciudadanos sobre la inseguridad en las vías para tomar las medidas de lugar. La prontitud con que han reaccionado las autoridades, por más saludable y necesaria que sea, deja mucho qué pensar, sobre todo cuando la nación precisa de seguridad ciudadana y orden no sólo en carreteras, sino en toda parte.
