Página Dos

Cójanlo

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El tráfico de órganos humanos es una práctica infame de la que son víctimas mayormente países como República Dominicana. Pero al denunciar que turistas y Estados intervenían en el comercio de órganos y tejidos el presidente de la Sociedad de Transplantes de América Latina, Ashley Baquero, dejó muchas interrogantes. No aclaró, por de pronto, si el país, que tiene en el turismo su principal fuente generadora de divisas, era víctima del trasiego. De ser así, el reputado profesional, que formuló la denuncia durante un congreso celebrado en México, debe proporcionar a las autoridades toda la información de que dispone para perseguir una práctica criminal. Máxime cuando se tienen ciertas aprensiones al respecto, pues ya antes patólogos habían denunciado que en algunos centros se negociaba con cadáveres, mayormente para prácticas universitarias. Si bien los adquirientes saben a lo que se atienen, se sobreentiende que se trata de una práctica que debe estar sujeta a estrictas regulaciones. Pero también se sabe que la gente para sobrevivir se agarra de lo que sea.  Lo mejor sería que el doctor Baquero aclare y coopere  sobre su denuncia.

El Nacional

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