Página Dos

CÓJANLO

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Los asesinatos, durante asaltos, de un coronel médico de la Fuerza Aérea, un sargento de la Marina y un raso de la Policía dibujan un panorama tétrico sobre el deterioro de la seguridad pública, al extremo que militares ni policías están exentos de morir a manos de delincuentes.

El coronel Néstor Guaroa Santana Aquino  departía con amigos en un puesto de venta de comida en  Villa Consuelo, cuando fue abordado por varios sujetos armados que lo despojaron de su pistola y prendas y le hicieron varios disparos, uno de los cuales le perforó la vena femoral, lo que le causó la muerte.

Angel Miró Sena, suboficial de la Marina, fue muerto de un balazo en la cabeza por uno de varios  atracadores que lo despojaron de su pistola y otros objetos,  en la autopista  Las Américas, mientras que el alistado Joan Sánchez Valdez fue muerto a puñaladas por individuos que lo despojaron de su arma de reglamento. Una patrulla policial mató posteriormente a los dos presuntos homicidas del policía.

En menos de 24 horas,  dos militares y un policía fueron vilmente asesinados por  asaltantes que en los tres casos cargaron con las armas de las víctimas, lo que indica que  en las calles se escenifica una guerra sin tregua entre autoridades y delincuentes.

El coronel Santana Aquino era muy querido en Villa Consuelo y San Carlos, donde operaba una farmacia, lo mismo que el sargento Miró Sena y  el raso Sánchez Valdez, en sus respectivas barriadas. El auge de la delincuencia desborda ya los límites de paciencia y tolerancia.

El Nacional

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