Las circunstancias que rodean la muerte el lunes en la madrugada de un joven de 19 años en la Zona Colonial amplifican el alerta sobre la industria del crimen en el país. Versiones dan cuenta de que tras una discusión Juan Antonio Pérez Veloz fue baleado en los alrededores de la Puerta de la Misericordia por desconocidos que se desplazaban en una yipeta. Pero Veloz habría discutido, no trascendió sobre qué asunto, con otro joven de quien se dijo fue quien contactó a los matones. Aterra que sucesos de esa naturaleza ocurran con la mayor naturalidad, como si las calles de Santo Domingo fueran una réplica del Viejo Oeste Americano. El trabajo de la Policía es capturar a los homicidas para que respondan por el crimen ante los tribunales. Pero es obvio que también se necesita desmontar la atmósfera de impunidad e inseguridad que propicia crímenes tan perturbadores como el de Pérez Veloz. Puede ser otra muestra de un sicariato que constituye una peligrosa realidad. Hace tiempo que nadie se siente seguro ante la dimensión de la criminalidad y la delincuencia, no propiamente por la supuesta incapacidad de la Policía para enfrentar esos males.
