Página Dos

Cójanlo

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Tiene sus espinitas la oferta del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) de que dispone de recursos para apoyar los planes sociales del Gobierno. Los recursos a que aludió su representante Manuel Labrado no son para donarlos en función de determinadas premisas, sino para prestárselos al país. La condición es que le paguen y que se utilicen para los fines acordados, sin importarle el peso burocrático y política de las contrapartidas.  El programa Solidaridad no es resultado de los ahorros del Gobierno, sino de empréstitos con entidades que suelen presentarse tan benevolentes como el BID. La disposición de la entidad crediticia en apoyar los planes sociales del Gobierno no puede verse como muestra de identificación y confianza, sino como interés en hacer negocio. Hoy por hoy se debe una fortuna a entidades como el BID por concepto de préstamos para programas como Solidaridad y otros. Vale recordar que no se trata de ente caritativo, por más blanda que parezcan sus condiciones. Aunque los beneficiarios agradezcan en el alma las dádivas ha de estarse muy consciente que por esa vía no se va a combatir la pobreza.

El Nacional

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