Por más que sean, hasta llegar incluso a niveles de escándalo, resulta que tampoco son todos. Se trata del número de empleados con que dice contar Ministerio de Relaciones Exteriores (2,004) y los que registra la Contraloría General de la República (3,617). Más de mil personas que cobran con cargo a la nómina de la Cancillería, sin que la entidad, cuya burocracia diplomática ronda los 1,252 miembros, las tenga registradas. Y conste que este país se permite el lujo de contar con un Ministerio de Administración Pública. Como no se trata de la única entidad donde se registra la diferencia con la Contraloría General de la República en cuanto al número de empleados, se impone una investigación en aras siquiera de la sobada transparencia. No se trata ya de que en Haití hay 88 empleados, de los cuales 31 son vicecónsules, 16 consejeros, 14 ministros consejeros y los demás cumplen tareas administrativas. Y ni siquiera de la sangría que el botellerío supone para el erario. De lo que se trata es que hay más de mil personas que cobran como empleados de la Cancillería y que la entidad no las tiene registradas como empleadas. ¿El caso puede ser más escandaloso?
