La Policía podrá aclarar en cuestión de horas muertes como las de Miguel de Jesús Peña Mercado y Juan Carlos de Jesús Rodríguez, cuyos cuerpos fueron encontrados baleados y quemados dentro de una yipeta Lexus en las proximidades del batey Gautier, de San Pedro de Macorís. La aclaración, aún por más acabada que sea, que no siempre es el caso, no elimina el sello tenebroso de sucesos que, por las razones que sean, se repiten con bastante frecuencia, para mayor perturbación de la ciudadanía. Desde que se habla de cuerpos baleados y quemados siempre se piensa en el bajo mundo, que utiliza métodos similares para enviar mensajes. Si fue por encargo y no guarda relación con los métodos de las organizaciones que operan al margen de las leyes y que sólo responden a su propio sistema, las muertes de Peña Mercado y De Jesús Rodríguez son más aterradoras todavía. Porque de nuevo se evidencia la presencia de un ejército de sicarios en condición de cometer el crimen más atroz. Pero además el desarrollo de una cultura siniestra, que tiende apelar al crimen o el secuestro antes que a los tribunales para dirimir cualquier asunto personal.
