El alza de cinco pesos en el pasaje a que se aprestan aplicar los choferes de Santiago puede representar el punto de partida de una cadena de aumentos de precios. En defensa de los consumidores, las autoridades tienen que evitar que cada sector, sin importar la validez de sus argumentos, decida ajustar los precios en forma unilateral, a conveniencia de sus intereses. Comienzan los choferes bajo el pretexto de que el incremento en los precios del gas licuado de petróleo justifica la decisión, pero siguen otros bajo los argumentos más disímiles, tal cual si contaran con alguna licencia. La verdad es que la presión de los precios del petróleo configura un ambiente favorable a alzas como la anunciada por los choferes de Santiago. Pero la tarea de las autoridades es normar las operaciones de los diferentes sectores para evitar desórdenes en cuanto a los precios de bienes y servicios. Los conductores de Santiago ni nadie puede decidir por su cuenta ningún reajuste de precio sin la aprobación de las autoridades, que en ese sentido deben jugar el papel que les corresponde. Ahora mismo parece que se está ante un inquietante síndrome de alzas de precios.
