Reto diplomático
El nudo gordiano de la diplomacia norteamericana es el conflicto entre Israel y Palestina. Se han alcanzados acuerdos con Irán, para que acepte la revisión y eliminación de sus armas químicas y hasta con Corea del Norte, pero ha resultado imposible lograr que israelíes y palestinos fumen la pipa de la paz.
Y no por renuencia de los palestinos, sino porque Israel, el principal aliado de Estados Unidos, está negado a reconocer la frontera de su vecino antes de la guerra de “los seis días”, en 1967. Sin embargo, el actual jefe del Departamento de Estado, John Kerry, está decidido a conseguir que los vecinos reinicien las negociaciones para un acuerdo de paz en la región.
El mismo Día de Año Nuevo aterrizó por onceava ocasión en los 11 meses que lleva en el cargo con un borrador que matiza la devolución de los territorios ocupados y compromete al Gobierno palestino a reconocer el derecho a la seguridad del Estado israelí.
Kerry no está dispuesto a correr la misma suerte de sus antecesores, quienes terminaron por rendirse ante la renuencia de Israel de ceder siquiera un ápice en cuanto a los terrenos ocupados. Es válido el ejercicio de paciencia.

