Violencia desafiante
La muerte de un tiro por la espalda para despojarla de su arma a la teniente Mercedes Torres Báez, ocurrida ayer en Villa Mella, es otro mal síntoma sobre la encrespada ola de violencia que perturba la paz y la seguridad de la ciudadanía. La oficial, adscrita a la Autoridad Metropolitana del Transporte (Amet), fue ultimada por dos sujetos que se desplazaban en una motocicleta cuando dirigía el tránsito. Los síntomas de la violencia son más que alarmantes.
El sábado, en el paraje La Reforma, de Monte Plata, las jóvenes María Santana Guzmán y Luisa Berroa Santana, de 14 y 15 años, fueron muertas cuando un hombre le disparó a otro por supuestas diferencias personales.
Para cargar más la atmósfera sobre la inseguridad, un presunto atracador fue abatido en la urbanización Fernández cuando según las versiones trató de despojar de un bolso a una muchacha. Se dispara sin medir las consecuencias y se atraca y mata a plena luz del día. Los casos ocurridos en las últimas horas evidencian un inquietante malestar que no se puede ocultar. Que los homicidas sean capturados, sometidos y condenados es alentador, pero reconociendo que no resuelve los males que generan la violencia.

