Aristas en boda
El arrepentimiento, el perdón, el amor y la rehabilitación son elementos que van unidos de la mano en la boda que dos reclusos condenados por feminicidio y narcotráfico celebraron en la catedral de Santiago. El enlace ha causado indignación porque el novio, Miguel Vladimir Morán, cumple una sentencia de 13 años de prisión por la muerte, en 2009, de su esposa embarazada.
Y a su actual esposa, Yáscara Vargas la conoció en la cárcel de Rafey cuando ésta cumplía una condena de cinco años por venta de drogas. La interrogante está en si los contrayentes están verdaderamente rehabilitados o si las autoridades penitenciarias han querido hacer un bulto para exaltar un sistema cargado de iniquidades. Que dos presos se enamoren y casen no es nada del otro mundo.
Lo que habría que establecer es si por lo menos el esposo, que guarda prisión por feminicidio, no representa un peligro para la sociedad. Quizás haya que dar tiempo al tiempo. Son muchos los grandes criminales que se han arrepentido de sus acciones, dedicándose a predicar principios y valores humanos. Por el ceremonial es obvio que la boda tiene sus aristas.

