Página Dos

Cójanlo

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Hacía tiempo que una ciudad de Estados Unidos no era sacudida, como ocurre en el condado de Ferguson, Misuri, desde hace una semana, por disturbios raciales provocados por la muerte de un afroamericano a manos de un agente de la Policía.

Tras un violento enfrentamiento con la Policía, donde un manifestante resultó herido de gravedad y siete fueron detenidos, el gobernador Jay Nixon, declaró el estado de emergencia. Sin embargo, grupos enardecidos, al grito de “sin justicia, al toque de queda”, desafiaron la disposición del gobernador.

En Ferguson, donde alrededor de las dos terceras partes de la población es de color, los disturbios, acompañados de saqueos, comenzaron con la muerte de Michael Brown, de 18 años, causada por disparos de un agente policial. La gente se ha indignado más por el hecho de que no se han presentado cargos contra el agente que segó la vida de Brown, identificado después de muchas presiones como Darren Wilson, y las autoridades han insinuado, como justificar el homicidio, que la víctima era sospechoso de un robo de cigarrillos que se había cometido momentos antes en una tienda. El suceso puede generar todavía más repercusiones sociales.

El Nacional

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