Página Dos

CÓJANLO

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Alienta la seguridad del jefe de la Policía, mayor general Rafael Guillermo Guzmán Fermín, de que ese cuerpo no renunciará a su deber de proteger a la ciudadanía frente al desafío de la delincuencia.

Nadie en su sano juicio puede negar que ante la creciente irrupción de la criminalidad y la delincuencia, como se evidencia en múltiples casos, la Policía no puede permanecer con los brazos cruzados.

La determinación de enfrentar la delincuencia en modo alguno se puede interpretar como luz verde para excesos. El jefe de la Policía lo ha dejado bien claro con las investigaciones que ha dispuesto frente a determinados cuestionamientos.

El caso más reciente fue el sometimiento de dos agentes que hirieron en el sector Invivienda al estudiante de publicidad Juan Tomás Olivero Jiménez, de 24 años de edad.

Ante el fracaso de Barrio Seguro y todos los programas oficiales para prevenir la criminalidad y la delincuencia a la Policía no le queda más opción que cumplir su misión de preservar la seguridad y el orden.

En la batalla contra la delincuencia no sólo han caído civiles, sino agentes de la Policía. Una mayor y un médico y coronel retirado de la Policía fueron muertos durante atracos.

La Policía no puede desamparar a una ciudadanía cada vez más indefensa e impotente ante el auge de la delincuencuencia callejera y de ahí gran el respiro que significa la advertencia de Guzmán Fermín de que esa institución no renunciará a su deber de defender el orden público y la seguridad de la población. Porque así tiene que ser.

El Nacional

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