¿Adiós a las armas?
El cese al fuego anunciado por las Fuerzas Armadas Revolucionarios de Colombia (FARC) no representa un adiós a las armas ni tampoco un triunfo para las negociaciones de paz que ha promovido el presidente de la nación, Juan Manuel Santos. Pero pueden serlos. La apertura de relaciones diplomáticas y comerciales entre Estados Unidos y Cuba es un factor con un peso determinante en el nuevo horizonte que se dibuja en Colombia.
La Habana, que ha sido el escenario de las negociaciones entre el Gobierno y las FARC, no desempeñará el mismo papel después de su histórico acercamiento con Estados Unidos, que incluye el intercambio de embajadores y la eliminación del embargo.
El cese indefinido al fuego anunciado por la guerrilla coincide con un nuevo contexto que dificulta sus acciones armadas. Aunque la decisión no implique una renuncia definitiva a las armas, la posición, en función de los últimos acontecimientos, se torna más incómoda. Sin que necesariamente implique renunciar a sus principios, Cuba, como aliado de los grupos revolucionarios, cuidará y cultivará sus relaciones con Washington. Una realidad a la que las FARC no pueden ser ajenas.

