Fortuna al azar
Plantearse la erradicación de las cábalas, las supersticiones y hasta la esperanza de convertirse en rico de la noche a la mañana a través del juego de azar es una quimera. Más en un país donde se juega hasta «la picá de ojo». Pero que en un país con tantas carencias se inviertan más de 100 mil millones de pesos anuales a la suerte es una exageración que sí plantea una profunda reflexión.
El economista e investigador Harold Vásquez ha calculado que la cifra es superior al 4% del PIB (Producto Interno Bruto) y al 18% del gasto público. O sea, que no se trata de centavos tirados a la suerte, sino de una seducción patológica por el juego. Tan así es que la gente toma a chiste una de las consignas de las apuestas, que consiste en que cuando la casa pierde, se ríe. Casi nunca ocurre. En un país donde se existen más de 30,750 bancas de loterías registradas, que tienen entre sus principales clientes a familias de escasos recursos económicos.
Hasta los beneficiados con la tarjeta Solidaridad dejan parte del subsidio en el impuesto a la esperanza. Sin hablar de las familias que a causa del juego lo han perdido todo, mientras se tenga el azar como una alternativa no resultará tan fácil pensar en iniciativas para mejorar las condiciones de vida a través del ahorro.

