El mundo civilizado no debería desfallecer en su reclamo para que Israel cese la masacre que perpetra contra población civil de Gaza, donde ha causado ya la muerte de más de 800 personas, la mayoría niños, mujeres y hombres no involucrados con la violencia.
El tímido pedido de cese al fuego hecho por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (ONU) no mereció la menor atención de Israel, aunque tampoco del beligerante grupo islámico Hamás.
Se define como acto de indolencia e irresponsabilidad el voto de abstención de Estados Unidos ante una moción tímida y permisiva, como la votada por el Consejo de la ONU, que apenas llega a clamar por un fin de hostilidades, sin llegar al reclamo o exigencia.
El Ejército israelí continúa con los cruentos bombardeos que han causado centenares de muertos y destrucción de la infraestructura civil y productiva de la Franja de Gaza, convertida hoy en un infierno para casi dos millones de refugiados palestinos.
La última esperanza de poder detener esa masacre la constituye los esfuerzos que realizan Egipto y Francia para procurar un alto al fuego acompañado del inicio de inmediata negociación entre Israel y la Autoridad Palestina. Hay que rogar para que las palomas sobrevivan a los halcones.
