Barril infame
Por supuesto que a los senadores se les hace mucho más fácil y cómodo recibir el infame barrilito, a través del cual se embolsan desde 450 mil hasta un millón de pesos mensuales, que tratar de justificarlo. Los argumentos se convierten en trabalenguas. Pero a falta de una explicación convincente senadores como Euclides Sánchez, Julio César Valentín y Tommy Galán echan mano a un pretexto moralista: su pecado ha sido transparentar asignaciones que en el pasado recibían los congresistas a través de Organizaciones No Gubernamentales (ONG) y otras prácticas.
¡Qué pretexto! Tras negar que los recursos se utilicen para fomentar el clientelismo, el silencio fue hermético cuando se les observó que los fondos para supuestas obras sociales son privilegio que además les dan ventaja contra sus rivales en una contienda electoral.
Los recursos son adicionales a las exoneraciones, las oficinas, los viáticos y los empleados con que también cuentan los legisladores. Lejos de crear leyes para buscar la solución de muchas necesidades o intervenir para que los funcionarios cumplan con sus funciones, los senadores prefieren servirse con la cuchara grande.

