El primer paso
El debate sobre delincuencia y criminalidad se centra ahora en definir si el fenómeno constituye un serio flagelo o si se trata solo de una mera percepción ciudadana, lo que reduce la discusión a quien fue primero, si la gallina o el huevo.
Para poder afrontar con seguridad de éxito tan agobiante problema, lo mejor sería declarar un empate entre quienes creen que es un asunto real y los que sostienen que solo está en la mente de la gente. Porque la verdad es que la delincuencia se percibe y se sufre.
Los ciudadanos de cualquier posición social o económica y en cualquier parte, temen ser asaltados o atracados en las calles, dentro de un automóvil, autobús, tren o en su propio hogar, lo cual resulta ser una “percepción”, hasta que se materializa, cuando adquiere la condición de “realidad”.
Es por eso que se insta a autoridades a dejar de lado la divagación entre lo real y lo que se percibe y empleen su tiempo en procurar desalojar a los delincuentes de las calles y crear las condiciones sociales, políticas y económicas que desalienten la delincuencia. El primer paso para frenar la criminalidad y la delincuencia debe ser el inmediato desalojo de los delincuentes de la vía pública.
