Obreros intoxicados
La muerte de dos de los 28 obreros que se intoxicaron el 28 de agosto cuando limpiaban un túnel de la presa Tavera-Bao lo menos que reclama es una exhaustiva investigación para establecer responsabilidades. Las defunciones de José Ignacio Gómez Díaz, de 21 años, y Brígido Acosta, de 28, no pueden más que lamentarse. No solo hay denuncias de que trabajaban en el túnel sin la debida protección, sino que ha de establecerse si estaban entrenados para realizar la labor.
Los obreros presentaban náuseas, mareo, vómitos, dolor de cabeza y del cuerpo entre otros síntomas por la inhalación de un gas cuando trabajan en la excavación u otra causa.
Todavía están hospitalizados varios de los que se intoxicaron. El suceso deja tanto que desear que en principio el Instituto de Recursos Hidráulicos (Indrhi) desconocía que los intoxicados pertenecían a esa institución. La muerte de Gómez Díaz y de Acosta obliga a que se aclaren las intoxicaciones y se establezcan responsabilidades. El Indrhi y los ministerios de Medio Ambiente y de Salud Pública no pueden silenciar un caso tan dramático, que pudo culminar en una tragedia.
