Cárcel de La Victoria
Desde hace años existe un proyecto que no se acaba de ejecutar para demoler ese antro de vejación que representa el penal de La Victoria. Solo el director de la Pastoral Penitenciaria de la Iglesia Católica, fray Arístides Jiménez Richardson, insiste en el cierre de un centro que cuestiona la alharaca sobre la modernización del sistema carcelario.
La penitenciaría, con una dolorosa historia de infamia y violaciones, fue construida para una población de 1,500 detenidos, pero en la actualidad cuenta con más de 9,000. Por el exceso es obvio que los presos están almacenados como sardinas en lata, amén de no contar con los servicios adecuados para su rehabilitación. Las razones económicas que suelen alegarse para no cerrar ese antro pierden peso frente al derroche de recursos y el costo que representa su administración.
Pero, como dice Jiménez Richardson, no ha de olvidarse que “la razón humana está por encima de la económica”. En el caso de La Victoria lo que se necesita es sinceridad y voluntad para clausurar un recinto que constituye un ejemplo de degradación del ser humano. La penitenciaría será siempre una sombra para un por demás cuestionado sistema carcelario.

