Veedurías decorativas
Las comisiones de veedurías que han querido cumplir su misión se han encontrado con una resistencia que las ha obligado a renunciar.
A pesar de la autoridad que se les otorgó cuando se anunció la creación del saludable instrumento para velar por la transparencia, algunos veedores, como los cinco del Instituto Nacional de Bienestar Estudiantil (Inabie), terminaron tirando la toalla.
Al cabo de más de un año nunca recibieron la información que reclamaban ni tampoco se tomaron en cuenta sugerencias como la de una página web con las operaciones de la entidad que dirige René Jáquez Gil.
Con los organismos lo que se procuraba era acabar con la cultura de la discrecionalidad que tanta opacidad y suspicacia genera sobre las operaciones del sector público.
Si el Gobierno no actúa contra los titulares que por una razón u otra rehúsan dar cuenta de sus operaciones las comisiones de veedurías, al menos las que quieren desempeñar su papel, se reducirán a meros entes decorativos. Con un ejemplo contra los funcionarios que se resisten a dar información, afectando de esa manera el objetivo de las comisiones, la percepción sobre la corrupción podría ser diferente.

