Chapeo Cancillería
Los más de 1,300 cancelados en la Cancillería desde septiembre de 2014 a la fecha resulta una cantidad tan elevada que genera asombro. El Ministerio de Relaciones Exteriores fue siempre visto como una cantera de botellas, pero no a los niveles de que ha dado cuenta su titular, Andrés Navarro. Aún con los despidos se estima que las embajadas y consulados están atiborrados de empleados nombrados en función del clientelismo político.
En países que no tienen siquiera legación aquí, como el caso de Italia, este país tiene una representación que según los informes compite en número con la de las naciones más desarrolladas. La llegada de Navarro, hay que reconocerlo, ha significado un cambio en la estructura administrativa y en la misma política exterior. La Cancillería exhibe un rostro diferente desde su designación en el cargo.
Le ha impreso un dinamismo del que carecía y su gestión ha privilegiado el diálogo para afianzar relaciones y dirimir conflictos. Pero todavía se tiene que avanzar en el saneamiento de una nómina para que un ministerio tan importante, sobre todo en estos tiempos de globalización, pueda desempeñar una mejor función.

