La avioneta que fue abandonada en un cañaveral de Higüey representa otra clarinada sobre la vulnerabilidad que resulta el territorio para el narcotráfico.
De entrada hay que descartar cualquier tipo de treta al respecto, amén de recordar que no bien había acabado el Gobierno de anunciar que reforzaría la lucha contra el tráfico de drogas cuando es abandonada una aeronave en el batey San Germán.
No hay que dar muchas vueltas para saber que la mercancía que transportaba, lo más seguramente cocaína, supera con creces el valor de la nave. La acción implica, por demás, un claro desafío del narco a la capacidad y determinación de las autoridades.
El caso indica que las Fuerzas Armadas tendrán que integrarse más de lleno a la tarea de sellar el territorio para impedir la entrada de drogas a través de los diferentes puntos. Siempre se ha denunciado que la sustancia penetra a través de la frontera con Haití y por lugares aéreos y marítimos específicos.
Higüey y La Romana son dos de los puntos que se citan en el transporte aéreo de drogas. De hecho más de una aeronave ha sido incendiada o abandonada en la región.
Si bien la Dirección Nacional de Drogas (DNCD) ha librado una batalla titánica, con golpes contundentes al narco, no es menos que cierto que con una efectiva colaboración de los distintos estamentos armados los resultados serían más fructíferos.
Se espera que al menos el de esta avioneta no quede en el limbo, como ha ocurrido con otras investigaciones sobre casos similares. Quizás la impunidad ha contribuido con el terreno que ha ganado el narco.
