La ejecución de tres jóvenes en San Francisco de Macorís, la muerte de un estudiante de la Universidad Autónoma y de una profesora en Barahona, entre otros muchos homicidios perpetrados durante supuestos intercambios de disparos, hacen pensar que ya la Policía Nacional tocó fondo y que su situación no se resuelve con cancelar a un lote de uniformados o trasladar a generales y coroneles de un lugar a otro, ni siquiera de enviar por todo el país a la plana mayor a arengar a los agentes sobre cómo comportarse.
Se requiere de una nueva Policía, con nueva filosofía y absolutamente saneada de arriba hasta abajo. Ya no se puede esperar más.
El Gobierno esta compelido a incluir en su agenda de urgencia la tarea de recomponer a la Policía, convertirla en un cuerpo eficiente, verdadero auxiliar de la Justicia, integrado por gente sana, buenos investigadores y no garroteros ni gatillos alegre. Duele decirlo, pero la actual Policía inculca temor en la población, pero no respeto ni admiración.

