El ingeniero y ensayista Hamlet Hermann fue uno de los primeros en dar cuenta de la agonía que tiene al borde de la desaparición a las librerías tradicionales. Las razones pueden discutirse, pero el director de gestión literaria del Ministerio de Cultura, Basilio Belliard, no vaciló en culpar a los libreros de su propia suerte. Los libreros tradicionales tienen el reto de transformarse y adecuarse a los nuevos requerimientos del mercado, con espacios más confortables, adujo Belliard. La caída en las ventas es uno de los factores de su descalabro que citan los dueños de librerías, algunas de las cuales, entre las que figura La Trinitaria, tienen colgando un letrero de se vende. Para los propietarios la lectura no es negocio, aunque, en contraste, el Ministerio de Cultura anuncia cada año la venta de decenas de millones de pesos en la Feria del Libro. Niegan que la caída del negocio sea rsultado del supuesto atraso que citan las autoridades, sino del poco apoyo gubernamental y la no aplicación de leyes como la 502-08 del Libro y Bibliotecas. A pesar del alerta de Hamlet la defunción parece irreversible. Al margen de las razones lo cierto es que la agonía de las librerías, muchas de las cuales fueron centros de tertulias, es muy sintomática en estos tiempos.
