La captura de un helicóptero que era transportado de Mao a Santiago en un camión para camuflajearlo incrementa las conjeturas sobre el caso de la avioneta que el 15 de diciembre desapareció con 11 personas a bordo después de zarpar del aeropuerto Cibao.
El director regional Noroeste de la Policía, general Miguel de la Cruz Reyna, estableció con la diligencia y eficiencia que lo ha caracterizado que la nave es propiedad de Richard Cecilio Gil Aracena.
En los interrogatorios Gil Aracena habría admitido que compró el aparato al desaparecido piloto Adriano José Basilio Jiménez Henríquez.
La operación nada tendría de suspicaz de no ser por las operaciones ilicitas y los vínculos con el narcotráfico que se atribuyen a Jiménez Henríquez.
El caso ha vuelto a colocar sobre el tapete el hermetismo que rodea las investigaciones sobre la desaparición del avión después de salir del aeropuerto Cibao con destino a una islita próximo a Puerto Rico.
Quizás Gil Aracena quería pintar el helicóptero incautado por la Policía Nacional y la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD) para evitarse problemas, pero las conexiones se prestan a lógicas sospechas.
Máxime cuando al piloto Jiménez Henríquez se le han atribuido la comisión de tantas irregularidades, todavía sin determinar por las autoridades. Los mismos vuelos desde Santiago son aún un misterio.
