Sobre las íes
Al narrar su experiencia sobre una reciente visita a Haití, el historiador Bernardo Vega concluye con una revelación altamente perturbadora sobre el negocio del carbón en la zona fronteriza.Dice que dominicanos (no haitianos) residentes en la frontera, con el apoyo de militares y funcionarios del Gobierno se benefician de la tala de los bosques y su conversión en carbón, el cual es trasladado en yolas por el lago Azuei para llegar a un pueblo a pocos metros al oeste de Jimaní.
“Desde allí”, agrega, “es llevado en camiones a Puerto Príncipe, donde, dado el muy grave problema de deforestación prácticamente no hay carbón y los pobres lo demandan mucho”. Pero no es todo.
Vega sostuvo que ahora “ha surgido una nueva vertiente, pues ese carbón es de tan buena calidad que los haitianos lo están exportando para las barbacoas de los ricos de la Florida”.
Y concluye señalando que cada vez que pasa por el “poblado del carbón” nota que deviene más grande pues el negocio “lamentablemente aumenta de volumen”. La revelación es más que suficiente para una investigación que, de una vez y por todas, le ponga el cascabel al gato.

