Página Dos

Cójanlo

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Chivo expiatorio

 

El presidente Donald Trump está tan atrapado en su batalla contra el establishment que ha tenido que recurrir a un chivo expiatorio. Acusar al expresidente Barack Obama de pinchar sus teléfonos no es más que un recurso desesperado para el magnate tratar de salir del lío en que lo han metido los contactos secretos con Rusia divulgados por The Washington Post.

El presidente de Estados Unidos, que había satanizado las elecciones, ahora, en medio del vendaval que ya ha provocado algunas bajas en su gabinete, las santifica.

En la avalancha contra Obama no hay que hacer ningún ejercicio para saber de qué lado está la verdad. Lo que pasa es que Trump, que creía que un Estado podía administrarse como si fuera una empresa privada, ha tropezado en su breve gestión con un sinnúmero de obstáculos que no ha podido sortear.

Entonces, como estrategia, ha pensado que culpando a Obama puede desviar la atención para salir del embrollo. Nada se puede descartar en la lucha por el poder político, pero Obama no tenía tampoco ninguna necesidad de espiar al candidato republicano. Lo que no esperaba Trump era que sus relaciones con Rusia podían traerle tantos conflictos.

El Nacional

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