Por más saludable que pueda ser la economía, convendrá siempre que las autoridades no se duerman en sus laureles y que mucho menos se engañen. Más ahora mismo con un entorno perturbador. La crisis de Puerto Rico, donde viven decenas de miles de compatriotas y otros arriesgan la vida por alcanzar sus costas, representa un buen referente.
La Junta de Supervisión y Administración Financiera alertó al gobernador Ricardo Rosselló que la liquidez del Gobierno está tan críticamente baja, que de no tomarse acciones inmediatas se quedará sin dinero para pagar servicios esenciales. La causa de la crisis que tiene a Puerto Rico al borde del abismo no es más que su elevada deuda de alrededor de 70 mil millones de dólares. Por aquí todavía se está lejos de ese monto, pero aún así la alarma está encendida.
Las autoridades han defendido la capacidad de la economía para cubrir los compromisos internacionales, a tal punto que han rehusado una reforma fiscal para prevenir eventuales contratiempos. Pero crisis que se veían tan lejanas, como la de Puerto Rico, Brasil y otros países del área, son al menos para que por aquí se ponga la barba en remojo.

