Siete niños, cuatro de una misma familia, figuran entre el saldo de veintidós muertos en el quinto día de la Operación Pilar Defensivo desencadenada por el Ejército israelí en el lado palestino de Gaza.
Es una tragedia que conmueve al mundo porque la población civil está expuesta a esos cruentos bombardeos, lo mismo que a los misiles que lanza el grupo Hamas hacia Tel-Aviv y Jerusalén. De nada ha valido el clamor del secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon para que Israel y Hamas decreten un alto al fuego.
Tal parece que la gestión mediadora más efectiva podría ser la que encamina Egipto, pero en Medio Oriente persiste el temor de que el actual conflicto desencadene una invasión por tierra de tropas israelíes a la zona de Gaza, lo que extendería la crisis hacia otras naciones, especialmente Irán.
Desgarra el alma la noticia de que por un error en la localización de un objetivo militar, uno de los misiles impactó en un vecindario con saldo de siete niños muertos. El número de muertos ascendía ayer a 116 y 900 heridos. Horror.

